El Mal: Virus gerencial
El Mal: Virus gerencial
Autora: Dra. María Mas
La tentación,
Comidilla de los más débiles
¡La nadería del mal!;
¡De nada está lleno el mal!
¡El mal!; que honduras muestran estas tres letras. Apela a
tantas cosas aborrecibles por el espíritu humano: La tortura, el dolor, el
dominio, la violación, la destrucción…, en fin…; la antesala de la muerte
quirúrgica. Intentar conceptualizar el mal…, trabajo que en todos los tiempos
ha sido abordado por filósofos eruditos, pensadores y por los que alguna vez
han sido sus víctimas y han sobrevivido; es tarea canónica. Pensar el mal es
adentrarse en las vísceras del demonio, máximo represente del mal desde el Cristianismo
primitivo.
Los griegos no fueron verdugos con la esencia del mal, como lo
fue la Religión Católica. Los sabios atenienses lo denominaron “daimon”…,
palabra que permitió el preludio etimológico a diabolón (separación); en
contraposición con simbolón, que significó reunión, unión, juntura,
rejuntamiento. Ambos conceptos, diabolón
y simbolón terminaron por erigir el significado antropológico del término
“religión”. Pero el concepto evolucionó hacia los intereses de grandes
instituciones, como los gobiernos locales medievales y la Iglesia Católica. Fue
entonces cuando el oscurantismo feudal se encargó de ponerle rostro de macho
cabrío al Daimon y lo inmortalizó en el infierno de Dante Alegrietti[i].
La poderosa figura del diablo malo, el Satán imaginado por
Velázquez y por Goya en sus monumentos pictóricos; fue hechura de la Iglesia
Católica que se construyó un enemigo inmortal, ya cantado en la Biblia, en la
Tora y en la mayoría de los textos sagrados; para perpetuar su obra salvadora y
su necesaria acción de conversión y
redención sobre la humanidad. Sin embrago, la mitología africana,
particularmente la Yoruba-Nigeriana y grecorromana en la extrema antigüedad, ya
daban cuenta de un Dios con características similares al representante del mal,
pero con distintas denominaciones.
En la mitología Nigeriana destaca la figura del Dios Elegua,
contradictorio y revoltoso, mayordomo de Olofi, El Gran Dios…; poseedor de
facultades especiales. Privilegiado con la capacidad de hacer “Lo que le venga
en gana”, era el vocero del panteón Yorubá, atleta, comerciante, además de dueño
de todos los caminos, vale decir, de cualquier posibilidad de movimiento tanto
de dioses, como de humanos. Dicha deidad es la única autorizada para causar
riñas y desatinos entre dioses y humanos. Esta figura Africana primitiva y
distante, abre el paso en la Grecia antigua a Hermes, Dios de las comunicaciones,
mensajero de los dioses, atleta, médico curandero que con su barita poderosa patentaba
el doble rol de llevar la batuta del mundo, además de otorgar salud, enfermedad
y destrucción. Asimismo, Elegua-Hermes es el Dios que preside el podio del
líder, dueño de la palabra, la elocuencia y el discurso. También es comerciante
y embaucador al mismo tiempo. Se le caracteriza en su valencia negativa como “El
mentiroso de los “Lucumí![ii]”
y como todo falso, posee el tesoro de la verdad entre sus muchos dones. Es, al tiempo,
cuidador de menores, animales, médico, dueño de las llaves del destino del
planeta…, y pare usted de contar facultades y poderíos. Elegua-Hermes es el político
de los Dioses.
El mal y el bien se combinan en religión. A fin de cuentas, la
religión es la unión de un humano-mortal que sale de un lugar desconocido, y
deambula por la vida para reencontrase con el ser sagrado del cual fue
expulsado iniciáticamente. En palabras de Eugenio Trías…, el símbolo elemento
clave de la religión, da cuenta del humano que va en exilio y éxodo, pues, éste
no sabe a ciencia cierta, de donde viene, ni a dónde va. Es, como la distancia
que se da, entre los pueblos ignorantes, oportunistas y serviles, alineados a
dirigente déspotas y acomplejados.
De esta forma el complejo abre la puerta a todos los males en
la gobernabilidad, de las empresas, naciones y del ser propio. No hay espacio
para la auto gerencia en la psiquis del acomplejado, desde donde se alzan infinitud
de efectos perniciosos. A través del símbolo-religión, el ente sagrado se asoma
al dialogo exegético con el mortal que, a fin de cuentas puede ser un ángel o
un demonio. Así, la valencia del mal participa,
tanto en las entrañas del mortal, como en sus exterioridades. Su amplia
y dañina estola abriga a quien lo invoca o a sus víctimas, haciéndoles caducos,
imperfectos y conduciéndolos a la nada. ¡La nadería del mal!; ¡De nada está
lleno el mal!
Por tanto, dos interrogantes saltan de inmediato. Primero, ¿dónde anida el mal? Y segundo; ¿cuáles son sus formas de comparecencia?
Relativo a la primera interrogante es posible exponer que el mal habita en las
entrañas del ser humano, al lado de excelsos valores y sentimientos donde se
encuentra la bondad, el amor, la ética, las buenas costumbres y la locura
creativa y extrema..., vale decir, la locura misma. El mal es una decisión
humana y, fundamentalmente, es cuestión endógena, pues, está asociada a
intencionalidad y a las consecuencias de su existencia, a la esencia y
naturaleza humana. Pero también el mal está en el aire. El ente maligno es
ontológicamente presente, con genio y figura. Su intencionalidad es arcaica y
archiconocida.
El gran objetivo del mal y del maligno (si se acepta que
existe como ente) es alcanzar el apocamiento y fortalecer la debilidad del
otro; fórmula clave de su poder y dominación. Para ello seduce con la tentación que es factor clave en el sostenimiento
del mal. El débil no puede enfrentar la tentación, pues, no cuenta con los
recursos para superar su gélido atractivo. Una persona con un mapa moral
debilitado por la pobreza y la codicia, por ejemplo; queda preso de la maldad, contaminándose
de ella rápidamente y culmina siendo su víctima. El mal asemejase a un virus
que anida y mata afectando los espacios más débiles de las personas.
Cuando formé parte de la burocracia en Venezuela, observé como
los profesionales recién graduados, con méritos, ganas de aportar y de hacerlo
bien en sus labores, eran puntuales en la llegada a sus trabajos; pero en la
medida que la cultura de la ineficiencia, compadrazgo y la inutilidad burócrata
los atrapó; comenzaron los errores, llegando horas más tarde del horario
establecido, aludiendo siempre excusas tontas e inverosímiles. Muy pocos
funcionarios lograban cumplir con su horario en forma correcta, trascendiendo
la costumbre de la tardanza, la excusa y el robo a las empresas. Así, el mal
arranca su andadura con la tentación, comidilla de los débiles que se extiende
por el tejido de la empresa como un letal virus. Si el gerente no exorciza la andadura
del mal y del diablo, en las compañías enfrentarán el cierre de sus santamarías.
En la naturaleza los animales matan por instinto de supervivencia, para cumplir ciclos. El instinto animal es preservación, sin medir la ética de sus consecuencias. Pero el malvado anida su ponzoña con premeditación y actúa con fines destructivos respondiendo al placer que causa la funcionabilidad del daño hacia el otro, a tal nivel que puede llegar al asesinato. El mal es sádico y disfruta la muerte de sus víctimas. Por tanto, un gerente o gobernante, al lidiar a diario con personal se expone al encuentro PERMANENTE con el MAL. Aprender a percibirlo, descubrirlo, predecirlo y acometer las acciones para su detención preventiva es necesario e imprescindible. Cuando un jefe, un líder, no percibe el mal, no está verdaderamente entrenado para el mando. El mal es como el perfume, imposible de vivir en la ocultación y las narices prestas lo sienten súbitamente. ¡Es como el perfume…, si,… pero hediondo como el aliento del diablo!
Relativo a la segunda pregunta en torno al tema ¿Cuáles son las formas del mal?... Pues
lo único definitivo es que no existe una sola respuesta. Dependerá del entorno
y del sujeto, en esa complicada relación de conciencia y acción de vida que se
da a través de la complejidad social, de la idiosincrasia cultural y de la alea
existente. Las formas de la maldad pueden ser sistematizadas en el doblés de la
carne y el espíritu. Egoísmo, celos, codicia, odio, narcisismo en el núcleo de
la gente. Sueldo paupérrimos, aplicación de sanciones draconianas a países
pobres o debilitados por dictaduras férreas, hacinamiento de obreros cuando el
coronavirus está latente, destrucción de la naturaleza con actos empresariales,
son pecados capitales empresariales que
muestran la ponzoña del mal en las organizaciones.
Entonces, comprendiendo que el mal no puede ser controlado,
ni gerenciado por nada, ni nadie a totalidad; asumiendo que es un “Ente
Autónomo”, existente y que para deshacerse de él habría que acabar con el ser
humano, es preciso afrontarlo como parte ineludible del transcurrir social,
espiritual e individual. Entonces, el mal está allí, en la vida, con toda su
valencia y poder destructivo. Por tanto su decadencia es difícil. No obstante, si
es posible mitigarlo a través del fortalecimiento de un sistema inmunológico,
tanto de la empresa, como en las personas en forma integral. Fayoleanamente[iii]
hablando, hay que fortalecer el cuerpo,
individual y social de las organizaciones; la emoción y la psiquis, tanto del
alma de las personas, como de las
empresas.
Finalmente, el mal y el bien coexisten en simbiosis
permanente y contradictoria. Se rechazan y excluyen tanto como se aproximan
entre sí. He allí su naturaleza recursivamente compleja. La maldad está latente
en las empresas y el trabajo del gerente es mantenerla a raya, cercada y al
servicio del bien y de la ética de la “promoción de la vida”… ¿si es que ello
puede lograrse sin la ayuda de los dioses? Habrá que invocar al poderoso Hermes,
para que permita el uso de sus zapatos alados y surcar los límites del cielo
para reencontrarse con el bien.
[i]
Dante Alegriete escribió una gran obra literaria
que en principio la llamó “La Divina Tragedia” pero que terminó conocida como
“La Divina Comedia” y consistió en una poderosa crítica a la sociedad de su
época, en Florencia. Trascendió como obra literaria, pero en sus orígenes su
alcance se basó en las críticas políticas de su tiempo. Destacó por exponer las
formas de organización del averno, el purgatorio y el paraíso.
[ii] Arcaica Tribu de Nigeria.
[iii] Se trata del francés Henry Fayol, quien escribió un
texto vital para el campo administrativo denominado “Administración Industrial
y General” donde se recalca la diferencia entre
la Administración y la Gerencia como acciones de las empresas



Excelente artículo doctora Mas, mis felicitaciones, tema al que le tememos, lo ignoramos para no molestar al maligno, pero que existe en nosotros, se materializa en nuestras acciones y decisiones, se alimenta de ellas, se hace más fuerte, perjudica nuestra salud, se puede presentar en forma de estrés, con angustia, miedo e inseguridad, atacando nuestra autoestima, la debilita y se aprovecha de ella.
ResponderEliminarPodríamos percibir el mal como energías negativas, que nos rodean y se aprovechan de nuestras debilidades hasta destruirnos, por ello, este artículo podría incluir una segunda entrega para indicar como evitar que el mal afecte nuestras vidas y entornos familiar, social, laboral, comunitario y ciudadano,, sobre todo en la empresas, como organizaciones sociales cuyos resultados son el producto de las acciones de sus integrantes, el talento humano, factor de producción de mayor importancia.
Pareciera que el mal es el problema y el bien es la solución, de tal manera que un primer ensayo podría ser identificar las energías negativas clásicas del maligno, como esa voz que el diablillo nos susurra a los oídos para que entremos en ira o rabia, envidia, celos, odio, rencor, venganza, intolerancia y guerra, pudiendo activar nuestro ángel guardián que nos susurre al otro oído para que entremos en paz, tolerancia y armonía.
Muy agradecido por incluirme en su lista de destinatarios y a sus ordenes para intercambio de opiniones, reciba mis saludos.
ResponderEliminarGracias por compartir este artículo Dra. Mas, interesante para relacionarlo en cualquier área, La felicito por elaborar y colocar este artículo en el blogs de Entre Gerentes, ya que existen muchos paradigmas, información, análisis en el mundo Gerencial y que podemos relacionar con la vida personal.
Aquí comparto mi comentario referente al artículo. En la vida existen desafíos y escenarios que son cambiantes los seres humanos por naturaleza tenemos resiliencia, la respuesta al mal es estar bien preparados para posibles impactos, una forma de preparación es tener la capacidad de reflexionar, proponer estrategias con propósito, todos en la vida tenemos mal y buenos sentimientos somos relativos, somos imperfectos dentro de la perfección, aceptarlo y mejorarlo es la tarea, todos tenemos diferentes capacidades y habilidades para desarrollar, mejorar destacar o eliminar el mal. El mal está allí, el bien está allí, necesitamos de ambos de lo contrario no existiesen ninguno, el primero depende de la persona empeorar la situación o ver soluciones y lado positivo que siempre será para mejor y estamos cerca del bien este siendo el segundo “el bien” aveces lo que decimos no es lo que sentimos así que reitero que es relativo, individual e íntimo de cada persona o situación.
Aveces tomar decisiones con alta carga emocional tiene día caras o consigues personas que te adulan, se genera aveces favoritismo y la otra cara es envidia, comentarios descalificativos estos hacen de las personas ser incompetentes por dejarse llevar por la emoción y los encamina a fracasos y equivocaciones.
Todo es reflejo personal o laboral.
De antemano agradezco por tomarnos en cuenta y saber nuestro comentario. Un gusto, saludos.