Del Mentiroso y del Charlatán en Carnaval
66. Del Mentiroso y del Charlatán en Carnaval
By: María Mas Herrera*
Un profesor me dijo un día que todos tenemos máscara. Yo no le refuté, por respeto o porque en ese momento estaba comiendo…, no recuerdo aún;…, pero lo cierto es que usar una máscara, aunque es una posibilidad cierta del ser humano, no pertenece al mundo de las generalizaciones. Como me dijo una de esos altos funcionarios de PDVSA un día, que tenía puesta la máscara del proceso y la revolución: − Doctora, en este socialismo venezolano dicen que todos somos iguales, pero creo que unos somos más iguales que otros. Yo no tengo nada que ver con están gentuza corrupta−. Asimismo lo escuché y que conste que repito textualmente, sin más, ni menos.
Me gusta estar sin máscara porque la espontaneidad y la verdad se traducen en libertad infinita, cosa de gran valor en Venezuela. Aunque, claro, a veces me cuadro alguna máscara. La supervivencia en sociedad impone roles, acciones, palabras y pensamientos que no, necesariamente, están en perfecta sintonía con lo que pensamos y sentimos. Ser completamente transparente puede resultar antiético en oportunidades.
Por ejemplo: “Mira mi hijo recién nacido”… Uno piensa que feo, parece un bicho…, pero una dice: “Que bello el bebé, Dios lo guarde”… ¡Hay que tener un poco de conmiseración con la madre. ¿No?!. Otra: “¿Me quieres? Si”, una responde… Lo que este hombre jamás sabrá es para que lo queremos y así. La máscara permite deshojar el “doble discurso”…, muy peligroso por demás. ¿Y por qué es peligroso María, me preguntareis? Pues en el fanguero del doble discurso, que muestra un tejido arenoso, es donde se debate el mentiroso y el charlatán. Dos especies distintas, investidos de sendas máscaras.
El charlatán tiene máscara y por tanto naufraga en la ocultación. Esconde cosas, no es sincero, inventa, crea; pero la verdad no es un material que le pertenezca. Para ser charlatán hay que inventar y hasta puede ser que el propio charlatán termine creyéndose sus inventos, como cualquier demente. El charlatán no es el mentiroso que sabiendo la verdad la oculta. Para ser charlatán no es requisito ocultar la verdad, para ser un mentiroso hay que conocerla y esconderla mostrando una falsedad. He aquí la gran diferencia.
Venezuela muestra en su historia grandes mentirosos, desde historiadores tarifados, pasando por escritores, periodistas, científicos, hasta políticos defenestrados y se nota estos rasgos en el pueblo: unos dicen mentiras, otros son una parranda de charlatanes que buscan cobrar, sin trabajar…, acostumbrándose a la estafa y el dolo. Y la pregunta ¿debe ser un político un charlatán o un mentiroso? La respuesta a lo Carlos Andrés Pérez: ni lo uno, ni lo otro…. Ambos extremos son antiéticos y poco recomendables.
La máscara nos protege, nos pone en el anonimato para hacer lo que con el rostro al aire ¿quizás? no hacemos, abre el paso al engaño, la complicidad. Parte de la desgracia política nacional es la maldita máscara. En ese terreno nace Ideología, dogma, fanatismo, opresión y muerte. Por eso soy científica…, la ciencia busca y privilegia la verdad, es taxativa, inflexible, dominante: no da pie a dos puntos de vista. Sin verdad no hay ciencia y punto. La ciencia no tiene máscaras y punto en boca. Lo demás son inventos raros.
¿Todos los señores del PSUV antes del invento andaban en partidos de la actual oposición, no? ¿Igual el pueblo que cambió el sombrerito de color blanco y verde por la boinita roja, no?... En verdad no cambió el sombrero, sino la máscara. Nos amarramos en la cara la máscara que nos permite sobrevivir y alcanzar algo conveniente. Es así, desde los ricos, hasta los pobres… Desde los que viven en el rancho, hasta la extinta clase media. Pero si son estos últimos los más preocupados por la comida importada que vende el gobierno bajo la estrategia del carnet. Es lo mismo de antaño, sólo cambió el nombre.
Si leen estas líneas, hoy lunes de Carnaval del 2018…, les deseo felicidad, alegría, que se disfracen, jueguen con agua en familia, como ha sido la tradición y que reflexionen sobre si en su vida, con la máscara puesta, o sin ella, han asumido el rol de charlatanes o de mentirosos. Es un buen principio para empezar el cambio.
* Economista y Profesora Universitaria.


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