TMT: El Síndrome De Todo Menos Tesis (Primera entrega)
45. TMT: El Síndrome De Todo Menos
Tesis
(Primera entrega)
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| By: Dra. María Mas Guasare Herrera |
1. ¿Qué es el TMT o Síndrome de todo
menos tesis?
Si le sudan las manos, siente arcadas hondas en
el estómago o, más bien, busca evadir ese terrible pensamiento con cualquier artilugio
de sus entrañas y del entorno, sobre el gran problema que representa hacer la
investigación científica pertinente, escribir el manuscrito relativo a la
indagación ejecutada y luego, ¡Oh, gran final! defender todo su trabajo ante un
jurado calificador, culto, experto y con poder de aprobarlo o, sencillamente, lanzarlo
todo al traste y dejarle a usted como el mayor de los incompetentes ante los
amigos, familia, invitados, curiosos y público en general; es posible
estimado
candidato a intitularse que esté sufriendo, incluso sin saberlo, del terrible y
desastroso síndrome del TMT, bien
conocido como el Síndrome de Todo Menos Tesis, un mal que como un silente virus
aqueja la emoción y la acción de los posibles graduandos, desde los tiempos en
que el Rey de España refrendaba los títulos académicos entregados a la nobleza
criolla en la Apostólica y Pontificia Universidad de Caracas hoy, conocida,
sencillamente, como la Universidad Central de Venezuela.
La noción
de síndrome es entendida en medicina como al conjunto de síntomas que
muestran alguna anomalía corporal que pudiera, eventualmente, traducirse en la
presencia de una enfermedad y sus consecuencias asociadas. Por tanto, el Síndrome del Todo Menos Tesis (TMT),
apela a un conjunto de indicadores que dan cuenta de varios problemas y enfermedades
cuyo origen endógeno, exógeno y su desenlace más dramático, concluye con la
renuncia del estudiante en la obtención del grado académico por no elaborar, ni
defender a tiempo la investigación científica que los catapulta hacia el grado
universitario. EL TMT es como un terrible virus que anega
nuestras universidades, centros de investigación, las
encumbradas oficinas
empresariales, tanto privadas, como del gobierno, haciéndole un estrepitoso mal
al desarrollo nacional. Nadie habla de este gran subdesarrollo nacional en
Venezuela y ni en Americalatina, mientras no se muestren las cifras del gran
fracaso universitario…, pero si algún virus aqueja el desarrollo, es la
incapacidad del sistema educativo integral público (gubernamental y privado) en
canalizar los recursos y esfuerzos cooperativos en la conclusión de las
investigaciones científicas de los estudiantes universitarios y de su ascenso
al mundo laboral, sin traumas, ni resquemores, como personas de bien, listos
para empezar una exitosa carrera y dejar un legado.
El drama de este abandono a la tesis, no está en
que el alumno no se haya esforzado o no haya
podido lograr los objetivos académicos durante el desarrollo de la
escolaridad, sino que su caducidad e incumplimiento se muestra justamente,
cuando el estudiante abandona el aula de clase, suelta el pupitre, la pizarra y
la cómoda postura del escucha escribiente, sentado pasivamente en el banco de
los receptores, recibiendo datos, información y ¿conocimientos?... Él, tiene
ahora que alzarse hacia la construcción de algún conocimiento científico, cuyo
barniz dependerá del nivel al cual aspire titularse: pregrado, postgrado…,
especialistas, master, doctorado, postdoctorado, investigación profesional.
El TMT es una afección que impide la entrega del
trabajo final de grado y extermina con su amarga comparecencia el triunfo
académico. Conocerlo y atacarlo es una tarea comunitaria de estudiantes,
profesores, científicos y profesionales en general. Todo aquel que tiene la
obligación de preparar y defender un trabajo de investigación científica para
optar al título académico, está propenso a contraer este virus mortal y morir en el intento de la sabia titulación.
¡La tesis de grado da miedo!..., ¡la
investigación científica da miedo!..., miedo a la equivocación, al no saber
hacer, al presentar incorrectamente; miedo a quedarse atrapado en el enigma y
en el misterio de la nada…, miedo a no ser y a no estar…, miedo a la locura de
lo incognoscible y al sinsentido. Allí arranca el TMT con el miedo mal
canalizado, inyectado en los nervios, en los tejidos y
en los huesos del
tesista. El TMT se alimenta del miedo en su primera infancia, nace teniendo al
miedo como perenne nodriza, acariciando cada mirada del tesista… ¡Hay que
exorcizar el miedo!
El miedo de la tesis se enfrenta endógenamente,
es decir, con la moral del que sabe que ha realizado todo el trabajo necesario
para saber. El saber mata el miedo ejecutándolo por la cabeza, tal como en el
mito, Perseo ejecutó a la Medusa. Todo el ejercicio de la elaboración de la
investigación científica es un acto de enfrentamiento al miedo…. Hay miedos
bien infundados que si no se canalizan y atienden correctamente le harán
fracasar en el cometido de la investigación
y del grado. Pero existen otros miedos que resultan de los espejismos,
las fantasías y flaquezas del investigador y del proceso del conocer que se
despliega a lo largo de la investigación.
Hay un arma mortal contra el miedo que alimenta
el TMT. Es como un puñal cuya empuñadura está hecha de ¡constancia! , y la
filosa hoja es anidada en el fuego de la ¡curiosidad!. Así, el tesista, con el
valor de la constancia diaria es como un gladiador en combate. Sabe que el
cansancio le costará la vida y se ha entrenado con la fuerza de sus psiquis y de
todo el cuerpo para aguantar los embates de la guerra, contra la oscuridad y la
sombra. La psicología del tesista es la del que conoce la dificultad, sabe que
el camino que recorrerá está lleno de peligros y amenazas, pero como todo
combatiente, se prepara para tales acometidas. Hay que permanecer en la acción
diaria para adelantar la investigación científica. Sólo el trabajo denodado y
siempre presente permitirá el éxito. Desmayar no es opción en el mundo de la
investigación científica y en la obtención del título universitario. Hay que
trabajar a diario, por tanto, el flojo, el acostumbrado a la copia y a las
apariencias nunca llega a la diadema de la reina que está en espera para el día
del grado… Ése (a), nunca podrá mirarle los ojos a la bella Beatriche del la
Divina Comedia ya que, trabajo tan demandador, que requiere constancia a toda
prueba, sólo descansa sobre el más noble sentimiento: ¡EL AMOR!
¡Sólo por amor se llega a conocer!..., como la
madre conoce al vástago o el amante a su enamorada. La base de la investigación
científica es emocional, subjetiva, exclusiva, personalísima, íntima, con
señorío y amor propio, ya lo advirtió Max Weber hace varios siglos. El amor da
la fuerza necesaria para el
sostenimiento de una constancia a prueba de cualquier obstáculo. La base de la
ciencia es el amor y el interés… y en este caso de la tesis, amor e interés logran
ponerse de acuerdo un día. Que le importó al Quijote de Cervantes sus tropiezos
si su gran tesoro se anidaba en los brazos de la inconmesurable Dulcinea del
Toboso. Lo que se quiere investigar es una elección privada…, como lo es el amor
verdadero. Lo demás vendrá después… y como el amor es la fuerza más poderosa de
la tierra desarticula el miedo malo, el que paraliza y enmudece…, el que te
mata en su inacción y en su no saber. El amor por lo que quieres conocer otorga
la fuerza de la constancia…, sin importar el desengaño, el fracaso parcial, los
errores del momento, los gastos, los problemas del entorno, los dolores propios…,
tantas cosas que matan el amor y reencarnan el miedo. ¡Amor y conocimiento primera lección!.
Por otra parte, hay que avanzar en el mito del
eterno retorno como cantó Mircea Eliade en sus investigaciones. Lo que siempre
se reaviva en un investigador es la curiosidad…, la llama del deseo de saber no
puede morir jamás, pues es parte del amor, fuente incalculable de vida. El
tesista quiere saber…, conocerlo todo, leerlo todo…, es un codicioso del dato,
de la información y del conocimiento.
El curioso está atento, pendiente de los
vericuetos y escondrijos, disfruta en escudriñar hasta el último recoveco…,
tiene el espíritu de un coleccionista, capaz de dar el todo por el todo, para
lograr la pieza final que decorará su elegante estancia. Sin curiosidad
científica muere la investigación… ¿Quizás investigar sea un ella y no un él?
¿Será, será?, muchos dicen que las damas son más curiosas que los varones...,
no lo creo. El curioso atento a todo está bien nutrido de datos, revisa,
explora, indaga, visita, se comunica con los humanos interesantes para su
trabajo… ¡Es un sabueso de la ciencia!.
Así, se inicia el recorrido hacia un exorcismo
contra la oscuridad que rodea a un investigador. El Síndrome de TMT puede ser
vencido, pero como enemigo hay que conocerlo a cabalidad para actuar de forma
correcta… Tesis y curiosidad… segunda
lección compartida.
Hasta ahora los dejo con estas primeras ideas y
los invito a profundizar su curiosidad y su constancia…. Hasta la próxima entrega…
que será muy pronto por estas redes de la imagen y el dato serpentino.
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